Tercera Sala

LA CASA DE BOLIVAR DE SANTUARIO A MUSEO (1946-1980)

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Los diversos objetos exhibidos en esta sala, pertenecientes a Simón Bolívar, rememoran las circunstancias locales y nacionales que existían en el tiempo de la espera de los resultados de la Convención de Ocaña que se realizó en el templo de San Francisco de dicha ciudad durante el año 1828. Se destacaba en la vida local de la Villa de Bucaramanga el anciano presbítero Juan Eloy Valenzuela y Mantilla (1756-1834), muchos años párroco de ella, quien en su juventud había sido el primer secretario de la Expedición Botánica. En la vitrina central puede verse el original manuscrito del primer diario que llevó de dicha expedición. Una imagen suya, un fragmento de su sotana de sacerdote y otros objetos testimonian la existencia de este asiduo contertulio del Libertador, al final de las tardes durante su permanencia en la villa.

La pintura de la capilla de Nuestra Señora de los Dolores, que hoy está situada en una de las esquinas del Parque Custodio García Rovira, nos recuerda que fue el Padre Valenzuela el introductor de esta devoción en la sociedad local, tal como nos lo asegura en su testamento.

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Esta Sala nos recuerda la tradición de propiedad de la Casa de Bolívar. El primer propietario de que se tiene noticia cierta es de don Facundo Mutis Consuegra, el padre de la señorita Dolores Mutis y por tanto suegro de Luis Perú de Lacroix, quien en 1815 la declaró en un documento de fianza que otorgó para respaldar un compromiso de José Maria Céspedes con la administración de alcabalas del modo siguiente:

“Una casa de paredes, madera y teja donde hace su morada, con su solar cercado de tapias, que tiene en esta villa haciendo esquina en la segunda cuadra de la plaza para el lado del oriente.”

El segundo propietario conocido fue el presbítero José Ignacio Martínez Nieto, cura vicario de la Villa de Bucaramanga, quien en 1850 la donó a sus cuatro hermanas solteras. Cinco años después estas la vendieron a su hermano Francisco de Paula Martínez Nieto. En el año de 1858, cuando por primera vez los ciudadanos del Estado de Santander declararon la riqueza que poseían para los efectos de la aplicación del impuesto único directo, don Francisco de Paula declaró que esta casa era de su propiedad, avaluándola en tres mil pesos.

En el año 1864 la casa fue rematada, como otros bienes de don Francisco de Paula Martínez, siendo adquirida por el inmigrante alemán Geo von Lengerke, quien pagó por ella mil quinientos veinticinco pesos. Este la vendió en 1867 por tres mil pesos a doña María de los Reyes Quintero viuda de Parra. A la muerte de esta, la casa pasó a engrosar las propiedades que tenía en la villa su hija doña Trinidad Parra de Orozco.

Después de haber pertenecido a otros diversos propietarios terminó por sucesión hereditaria en manos de los hermanos Roberto y Josefina Ordóñez Clavijo. Fue entonces, en el año de 1946, cuando la Asamblea de Santander aprobó la ordenanza 8 del 27 de mayo que ordenaba al Gobierno Departamental adquirirla para conmemorar la presencia del Libertador en la Ciudad, huésped ilustre de dicha casa. Pagando cuarenta mil pesos pudo el Gobierno Departamental adquirirla, traspasándola en 1948 a la Academia de Historia de Santander con la expresa condición de que fuese la sede de un museo histórico y arqueológico, previa realización de los trabajos de restauración. Estos trabajos fueron realizados en tres etapas desde 1950, acometiendo en 1977 la última intervención el arquitecto Rafael Maldonado, con la cercana colaboración de la Académica Lucila González Aranda, autora del guión actual del museo.

En esta sala se conservan dos clases de objetos de alguna manera ligados a la vida social de Bucaramanga. De una parte el nicho de las devociones populares cuyas imágenes fueron donadas por el Académico José Antonio Escandón. Se destacan algunas devociones de gran popularidad en el Santander del siglo XVIII, advocaciones de varias parroquias tales como San Antonio, el Eccehomo y San Jerónimo.

Por otra parte, el escritorio típico importado de los Estados Unidos por los miembros del grupo de los comerciantes bumangueses, tales como los que construyeron la compañía anónima de electricidad, que instaló en la ciudad el primer alumbrado público, y los que pugnaron por la construcción del ferrocarril a Puerto Wilches. Se dice que este escritorio perteneció al expresidente Rafael Núñez. Una vitrina de exposiciones transitorias enfatiza el carácter dinámico del museo al prestar continuamente colecciones de objetos que se hallan en estudio en el depósito.


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